miércoles, noviembre 01, 2006

En qué me he convertido?

Llega un día en la vida, en el que todos los científicos temen convertirse en aquello de lo que siempre se burlaron. Diego tiembla de pensar en el día que decienda de los cielos cibernéticos a convertirse, como todos, en un biólogo pipetero (poniendo sustancias en tubitos, pues) Paula con su característica prisa, seguramente tiene miedo del día que irremediablemente tenga que incubar un cristal de proteína durante 12 años... Yo, mi mayor miedo siempre fue convertirme en un hacedor de PCRs, como un oficio aburridísimo y simplón de bacteriólogos farolones, que no debería de salpicar a las altas esferas de la neurociencia.

Todo era hermoso en Marzo, cuando acepté encargarme de averiguar si la proteína rimbombantemente conocida como Factor de Crecimiento transformante beta, tiene en los mamíferos la misma relevancia para la memoria que en las babosas marinas citadas previamente. Sin embargo, no me contaron completa la historia. Para que el proyecto resulte, se tienen que hacer algo llamado PCR a cada muestra usada. No es muy difícil, todo el mundo lo hace rutinariamente en todos los laboratorios. Sin embargo... Resulta que desde hace como un año que no salía el PCR que necesito, así que llegó un momento en el que me tuve que poner primero a aprender a hacerlo y después a intentar que saliera este en específico. Un buen día, Atenea y Prometeo se apiadaron de mi y con una simple ocurriencia logré que saliera. Perfecto, dijo el jefe. Ahora tenemos que procesar alrededor de 400 muestras, que se habían acumulado durante el impasse de un año.... Considerando que al día es muy difícil procesar más de cuarenta... O sea, me esperan semanas haciendo pcr de manera continua.
Y yo me lamento, pero recuerdo a un compañero de la carrera de biología en primer semestre que hubiera dado lo que sea por estar en mi lugar ahora. Se apellidaba Olachea y ya no me acuerdo de su nombre. En realidad no tenía ninguna gracia y aquel semestre reprobó todas las materias salvo bacteriología. Por alguna razón, Olachea amaba el PCR, no sé si sabía bien lo que era, tampoco sé que le veía de especial ¿Le parecía facinante ver que cada minuto un robotito cambia los tubitos de temperatura? le parecía facinante ver los geles con banditas brillantes bajo la luz ultravioleta. A saber. Tanta era su pasión por el PCR, que un día que llegó tarde a trabajar con sus amigos y no tenían forma de avisarle donde se encontraban, pusieron un letreto "Curso gratis de PCR" y Olachea siguió las instrucciones para ir al curso y se decepcionó al encontrarse con sus amigos. Tanta era su facinación, que aquel semestre se la vivió pegado a los maestros de bacteriología, rogándoles que lo dejara hacer un PCR en su laboratorio, cosa que hasta donde recuerdo no sucedió. Y siempre me burlé de Olachea, y siempre me burlé de todos aquellos a quienes les iba la vida en unos tubitos con una enzima amplificando secuencias de ADN. Siempre me burlé de un doctor que ofrecía hacer la tesis en su laboratorio, pues había muchos PCRs por hacer.
Pues ahora me he convertido en la vida soñada de Olachea, si hubiera terminado la carrera (lo último que supe de él es que subarrendaba departamentos en copilco a unos quince estudiantes pobres de provincia) lo invitaría a que me pagara unos dólares por dejarlo hacer 400 PCRs, creo que me los hubiera pagado sin vacilar.
Lo único bueno, es que si mi doctorado no resulta, podré poner un negocio de pruebas de partenidad. Quizá la paga no sea mucha, pero el chismesaso que sería, valdría todo el oro del mundo.

3 Comments:

Blogger jardinière said...

JAJAJA!! (por si todavía extrañabas mi risa, ahí está: me la arrancaste con este post...)
Querido Alonso, no te abrumes. Hay tantas cosas semejantes a los PCRs que uno tiene que hacer, sea cual fuere la carrera que elija. Se me ocurre que, en nuestro caso es copiar citas. Es innevitable y necesario. Encontrarlas es padrísimo; cuando lees y encuentras una cita que "te sirve" es porque, en realidad, ya estás escribiendo, aunque no estés ni cerca de apretar ninguna tecla. Pero copiarlas... una lata, pero fundamental. ¿Funciona la analogía?
Saludos, amigo...

2:27 p.m.  
Blogger Fabiola said...

ja, yo pensé en la corrección de textos, vaya que si es una tarea laboriosa y poco divertida, así como bastante repetitiva.

4:18 p.m.  
Blogger Diego said...

Muy buena Alons, muy buena.
¡Qué maravilloso personaje era Olachea!
Un día andaba Olachea muy contento por los jardines que están a lado de la tiendita del "canibal" cuando me lo encontré. Le pregunté que qué le pasaba y me dijo que le había escondido la mochila a "Newton". En esos días yo no lo conocía bien y aunque me pareció una respuesta normal, de cualquier forma le pregunté que quién era ese tal "Newton". Él simplemente levantó el brazo y señaló al probre Alons que andaba como loco corriendo de un lado al otro buscando algo.
Como verás mi querido Alons, aún si te hizo algunas maldades, Olachea te tenía en gran estima. No a cualquiera se le apoda "Newton".
La última vez que lo ví fue en el laboratorio de Toño. Yo terminaba mi maestría y él quería inscribirse al primer semestre de taller. Al parecer era la última opción de taller que le quedaba. Finalmente Arturo no lo aceptó (yo no tuve nada que ver), y eso que en ese lab no discriminan, aceptaron sin problemas a Chucho, a Irma, a Claudia (la albina-narcolépsica), e incluso al novio celoso de Daniela que era abogado. No sé que babosadas habrá dicho Olachea en la entrevista que le hizo Arturo. A lo mejor Arturo simplemente le dijo que ahí no se hacían PCRs.
Abrazos

10:22 a.m.  

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