Memoria Confusa, Cine Denso y Borracheras de Melancolía
Yo era dramático y melodramático, pensativo, romántico, y las mujeres me amaban como amigo, total que me volví después un cínico y las amigas dejaron de amarme como amigo, salvo unas cuantas que también suelen ser muy cínicas, y por eso las amo yo también. Pero el principal cambio en mi vida, es que decidí mandar a volar las películas densas y aburridas, sobre todo aquellas que cuando les quitas lo denso y aburrido dices, bueno y? más allá de las imágenes de paisajes, de las mujeres que contemplan un sillón durante cinco minutos y luego se sientan, de las pasiones e historias de amor sórdidas y desgarradoras que plantean una profunda reflexión sobre las sociedades modernas… bueno, y? Yo era un hombre que se chutaba la muestra completita, incluso esa mafufada de “fumar” y “no fumar” y de películas postexpresionistas alemanas como “Maria mortal”, o la vida pasión y muerte de una pintora china. Conste que también me chuté cuatro maratones de cine de la facultad de ciencias, incluso esa película llamada cinco tardes. Dicha joya del cine ruso, se trataba de Ana mercochuronoba, preguntando a Yuri zucoronovich, el por qué estaba sentado en ese sillón, durante los cinco minutos que pasaban antes de la ansiada respuesta, uno podía reflexionar sobre lo pasajero de la condición humana en la post guerra rusa… Las raíces de mi cinismo comenzaron en ese momento, un amigo que estaba sentado al lado me preguntó, Cómo se llama esta película? Y contesté, veinte tardes, hay noooo, oí el lamentero suspiro, eso me hizo carcajearme en lo que debía ser el momento más serio y sublime del año.
La memoria confusa me pregunta una y otra vez sobre el día en que mi padre me llevó a ver mi primera película seria. No sé si lo hizo porque era una película soviética antes del vhs, lo que bien podía significar nunca más volver a verla, así que me llevó como a los cinco años en la Julio Bracho. Me acuerdo que me aburrió profundamente, pero me gustó mucho, paradójicamente, la razón es que me sigue gustando. En esa época yo no conocía a Bach, cuya música ha tenido una importancia fundamental en mi vida desde los once años, y en esa película se recurre constantemente a un preludio coral muy hermoso. En esa época yo quería ser científico, pero no sabía nada de las amebas, ni de la ciencia planetaria, ni de los sueños, ni de la difícil diferencia entre los recuerdos y la realidad, sobre la difícil brecha, a veces insalvable, entre los recuerdos, los sueños vivos y los sueños ya muertos y la realidad y sobre ese deseo de traer el pasado al presente y sobre esa lucha para llevar el pasado al lugar que corresponde.
Mi padre me llevó a ver Solaris de Tarcovski en el CCU. Y cada media hora le preguntaba qué hora era. No te gusta? Ya vámanos, me decía. No, decía entre la pena y la sinceridad, si me gusta, pero está muy larga. Yo le quitaría la media hora en el periférico y le añadiría las escenas eróticas del libro, que supongo fueron cortadas por la autocensura del director por miedo al conservador régimen soviético de la época. En fin, ese punto donde se delinean las fronteras entre la ciencia y lo seres humanos que la generan, las fronteras entre nuestro momento presente y nuestro momento pasado, me marcó e hizo soportables las horas que dura la película, donde además la estética de Bach y Rembrandt, constantes en la música y las imágenes, hacen que más allá de las palabras, la película mueva una gran cantidad de fibras y sentimientos. Una película larga y aburrida, que como Solaris, o Fanny y Alexander, o Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, están llenas de dardos venenosos dirigidos a los sentimientos con su contenido y estética, bien valen la pena quedarse frente a ellas el tiempo que sea necesario. Para ver y tu mamá también, amores perros, babel, Fumar o No fumar, o cualquier cosa de esas, es mejor ver la última comedia romántica de Cameron Díaz, igual que las otras no te deja nada como buen cascarón vacío, pero por lo menos no te quita el tiempo, te das dos horas de relajación y risas, que son bastante buenas.En fin, durante algún tiempo parte de mi autoestima radicaba en el número de películas densas vistas, afortunadamente esos tiempos se acabaron. Sin embargo hay algo más con Solaris, tras 169 minutos de lentitud, me sigue encantando, debe haber algo más que no he alcanzado a descubrir. Desde los cinco años supe que tenía algo, a los 27 ya entiendo muchas de las cosas que tiene, no sé cuantos años más van a pasar para que pueda entender y sentir cada uno de sus minutos.



