domingo, enero 21, 2007

Where is here? 3. Aquí no hay temperatura.

A pesar del muy anunciado efecto invernadero y el consiguiente deseo de que el maldito petroleo se acabe de una vez por todas ya que en mi opinión es perfectamente remplazable y además da la impresión de que el petróleo que se cacarea tanto que ha sostenido al régimen de Chávez en Venezuela, también ha sostenido el régimen “Salinista” en México de Miguel de la Madrid a la fecha. Pues bien, aunque se tardó algunas semanas, el Invierno llegó a Toronto con todo. La nieve no es por aquí aquella cosa poética tipo polvo o “algodón” de nuestra imaginación. La nieve más bien se ha convertido en una costra de hielo irrompible, aunque en los parques es bonita (y no muy agradable para caminar) en las calles es una revoltura con sal y lodo y en fin.
Para resumir lo que se siente estar aquí ahora, podríamos recitar el siguiente comercial de master card: Costal de sal de grano para derretir nieve, 2 dólares. Chamarra hipergruesa muy de moda, 200 dólares, ropa interior térmica incomodísima tipo Gargamel, 40 dólares, crema para patas de perro, 8 dólares, chamarra de borrega café para perro 30 dólares, chamarra de borrega café para mi, 80 dólares. Guantes, gorro y demás, ya ni sé. Salir de tu casa a las siete de la mañana en domingo para ir a trabajar, encontrar el metro cerrado y un termómetro en la calle marcando -14ºC, no tiene precio...
Como diría mi nueva amiga Catia (una bióloga portuguesa muy simpática y muy aficionada al buen beber) si algún buen mexicano me pregunta que cómo está la temperatura, la respuesta es muy simple: hace catorce grados que dejó de haber temperatura. Sin embargo, decidimos tener un día muy invernal y sentirnos como canadienses por un momento; así que fuimos a patinar a una pista de hielo frente al lago. Primero que nada, nos pudimos librar de la mayoría de los inmigrantes por un rato, en la pista de hielo no hay un solo árabe, latino o hindú, acaso algunos chinos que desean sentirse muy gringos, pero sobre todo canadienses. Muchos de ellos llevaban a sus microhijitos, vestidos con mini trajes de hockey, tal vez buscando que se vuelvan la siguiente estrella de los Toronto Leafs y vivir de ellos en su vejez o tal vez buscando perpetuar generación tras generación, el culto canadiense al hielo, los patines y el pock. La simple idea de patinar viendo frente a ti el lago haciendo olitas, la idea de patinar sobre hielo bajo las nubes, bajo el sol, observando los árboles y las aves de las islas de Toronto, es simplemente alucinante, aunque también es difícil. Llega un momento en que el frío no da frío, el frío es doloroso, cualquier pedazo de piel descubierto duele, incluso mis guantes de esquiador no sirvieron de mucho para proteger mis dedos del dolor. Finalmente la noche cayó y nos fuimos a tomar un café en una cafetería sobre un muelle. En ese muelle, me encontré con un dormitorio de patos, que flotaban hechos bolas cerca de unos pedazos de hielo flotantes (si señores, son los primeros icebergs reales que veo en mi vida) y me dio frío de pensar en esos pobres patos, aunque después pensé que a la mejor pasan el verano en las costas árticas y el invierno de aquí les parece un lugar agradable para migrar.

viernes, enero 05, 2007

My way to Ireland...

Viajé a Irlanda en el lejano 1999. Llegué a Madrid, intenté tomar el ferry Bilbao-Dublín y no pude, viajé a Paris e intenté tomar el ferry de normandía a Dublín y tampoco pude. Finalmente viajé a Londres, fui a Gales hasta Point of Holy y crucé el mar de Irlanda, mismo que me dejó en un suburbio rarísimo de Dublín y finalmente llegué a Dublín.
Me pareció una ciudad bonita, muy aburrida si viaja uno solo y es medio antisocial. Lindos parques, lindos paseos, lindas librerías y plazas. Me quedé en un Youth hostel donde había confesionarios que resultaron ser cabinas telefónicas y donde en el raquítico desayuno alguien me robó mi pan y no me dieron otro.
Un día decidí viajar a algún lado y lo más lejos que pude llegar fue a “Saint Patrick Rock” una iglesia/fortaleza medieval con un cementerio donde supuestamente está enterrado San Patricio, ese de las borracheras infinitas. Luego tomé un tren a Belfast, donde me morí de frío y me perdí entre las eternas bardas que separan a los barrios católicos de los protestantes y me quedé en un hostel rarísimo de unos como estudiantes que ofrecían tours a los murales del IRA. Al día siguiente me fui a Edimburgo.
Irlanda no me cautivó en ese momento, y aunque me gusta su música y me gusta mucho el sonido de su gaita, no soy fan ni he intentado tocarla. Aunque hubo un tour que en aquella ocasión vi pero no tenía tiempo de tomar, que consistía en atravesar toda la isla a pie a campo traviesa, con un tipo contándote historias de gnomos. Posteriormente el verde de Irlanda quedó en mi memoria lejana y solo volví a él momentáneamente cuando mi amiga Magda se subió a la torre de Hércules de A Coruña y conoció al rey celta Breogán.

Después solo los sueños y el silencio. Y la más que cool canción de Tori Amos:

Drivin' with my friends
On my way to Ireland
It's been a long time
It's been a long time ...

O la canción que solía cantar Maite Dono,

Dille adeus a os mares de Irlanda…

Sin embargo, haciendo un par de quiz tontos en la red, salió esto:
Son puras tonterías, o hay algo de Irlanda gritando en mi interior deseando salir?
Por si las dudas, obtuve también mi nombre irlandés…


You Belong in Dublin
Friendly and down to earth, you want to enjoy Europe without snobbery or pretensions.You're the perfect person to go wild on a pub crawl... or enjoy a quiet bike ride through the old part of town.

What European City Do You Belong In?


Your Inner European is Irish!

Sprited and boisterous!
You drink everyone under the table.



Your Irish Name Is...

Tadhg O'Sullivan

Espero que lo de Sullivan no tenga nada que ver con la calle de ese nombre, famosa por las interesantes actividades productivas que se llevan a cabo ahí...